¿Cuándo te han explicado por última vez cómo funciona el sistema económico?
No una explicación teórica de un libro de texto, sino en términos de la vida y de la economía diaria. ¿Te ha explicado alguien la manera más racional de invertir cada dólar que ganas? A la mayoría, desde luego, nadie les explica nada de eso.
La economía de la vida real es seguramente una de las omisiones más evidentes de nuestro sistema educativo. Y esto es así, porque existen millones de personas con grandes conocimientos (médicos, abogados, altos ejecutivos, incluso empresarios), absolutamente incapaces de administrar sus propios recursos financieros.
Estas personas, expertas en otras materias, son capaces de entender complejos informes anuales, pero la economía cotidiana es un enigma para ellos; son incapaces de asimilar esa economía (financieramente hablando) de una manera estable, continua y práctica.
Su misma ignorancia les impide enseñar esa economía básica a sus hijos; de esa manera, generación tras generación, continúan ignorantes del milagro que representa el sistema de libre empresa.
A continuación, dedicaremos algún tiempo a revisar la forma en que debería invertirse el dinero para crear independencia financiera y riqueza personal.
IMPUESTOS
El tema de los impuestos puede parecer un inicio un poco raro para una discusión sobre la creación de independencia financiera y riqueza personal.
Sin embargo, durante toda nuestra vida, tanto en la juventud como en la vejez, debemos comprender la necesidad de pagar los impuestos.
De igual manera, los niños, desde el momento en que disponen de dinero, deben aprender también que cuando lo gastan se convierten en consumidores. Y todos los consumidores, por jóvenes que sean, deben pagar impuestos.
Si un niño de seis años va por primera vez a una tienda a comprar una chuchería de un dólar, el tendero le cobrará seis centavos adicionales. El niño mirará el precio marcado en la etiqueta y preguntará al tendero por qué debe pagar seis centavos más.
Es el momento de darle una explicación. Si el tendero le cobra seis centavos más de lo marcado ¿no debería explicar al niño el destino de ese pago adicional?
Porque, en realidad, los seis centavos son del niño. Éste podría preguntar al tendero, que se queda con ellos, el motivo de esa exigencia. Y el tendero le explicará que ese dinero es un impuesto, que él no lo guarda para si, sino que se limita a recogerlo y entregarlo al Estado.
Las dos preguntas siguientes que obviamente podría hacer el niño se referirían a quién se queda con el dinero y para qué lo emplea. Y estas preguntas traerán consigo otro tipo de respuestas muy importantes también.
Se le explicaría al niño que los hombres que desean y acuerdan vivir unidos, constituyen una sociedad. Y la sociedad tiene a su cargo la realización de ciertas tareas que los hombres no podemos realizar individualmente.
Por ejemplo, cada vecino no puede construir un trozo de calle y acera. La maquinaria a emplear resultaría muy cara y además tardaría mucho tiempo en aprender a utilizarla.
Para eso está el Estado. Y el Estado se crea para realizar aquellas tareas que nosotros mismos queremos o deseamos hacer. Hemos acordado aumentar ligeramente el precio en cada compra que hacemos a fin de tener recursos suficientes para pavimentar las calles, las aceras, pagar a la policía, y a los bomberos.
Comprender esto es de gran importancia. Los niños deben aprenderlo, y los adultos también.
Toda persona debería aceptar siempre con alegría el pago de los impuestos. Cuesta bastante tiempo hacerme a la idea, pero finalmente uno pude convencerse de que debe pagar sus impuestos con agrado.
Parte de ese cambio de actitud se produce cuando uno comienza a comprender la función de los impuestos y que es justo que cada uno pague su parte.
Jesús, dio su consejo claramente cuando dijo: «Dad al César lo que es del César». Está clarísimo; paga primero al César. Por algún motivo especial Jesús no hizo ninguna puntualización, ni tampoco quiso criticar al gobierno. Todo lo que dijo, fue: «Paga primero al César».
LA REGLA DEL 70/30
(Hay muchas maneras de administrar tu dinero, y esta solo es una de ellas, así que si te convence, utilízala).
Después de pagar tu impuestos, debes aprender a vivir con el 70% de lo que te quede. Esta decisión es importante debido a la forma en que vas a emplear ese 30%. El 70% lo gastarás en cosas necesarias y también en superfluas. ¿Y el otro 30 %? Lo invertirás de la siguiente manera:
Caridad
De ese 30%, una tercera parte (10%) debes destinarla a obras de caridad. Caridad es el acto de devolver a la comunidad parte de lo que has recibido de ella, con la intención de ayudar a los que necesitan auxilio.
Contribuir con un 10 % de los ingresos libres de impuestos, es una cantidad muy a tener en cuenta. Puedes elegir un porcentaje mayor o menor, eso dependerá de tu plan. Algunas personas prefieren hacer obras de caridad a través de su iglesia u organización preferida; a otros les gusta hacerlo personalmente.
Tanto si lo haces por tu cuenta, como si entregas tu dinero a una institución de caridad, no olvides separar una parte de tus ingresos para repartirlo entre los necesitados.
Debemos aprender a dar desde muy niños. La mejor ocasión para enseñar a un niño a ejercer la caridad, es cuando obtiene su primer dólar. Se los debe llevar de paseo por algún barrio donde viva gente verdaderamente necesitada, a fin de que aprendan a compadecerse. Si un niño comprende la situación, no le costará esfuerzo desprenderse de diez centavos. Los niños tienen un gran corazón.
También hay otro motivo para enseñar a ser generoso y a dar cuando las cantidades son pequeñas: Es bastante fácil dar diez centavos y quedarse sin ellos, pero desprenderse de cien mil dólares se hace durísimo a pesar de que los ingresos sean de un millón.
«Si tuviese un millón de dólares, dicen muchos, no me importaría nada, dar cien mil». ¿Será cierto que lo harían?. Cien mil dólares es mucho dinero.
Es mejor empezar desde pequeño, a fin de adquirir la costumbre de hacer caridad antes de empezar a manejar dinero en grandes sumas.
Inversión
Con otro 10 % de tus ingresos intentarás crear independencia financiera y riqueza personal. Con ese dinero comprarás, colocará a plazo, fabricarás, o venderás. El secreto está en dedicarte a algún tipo de negocio, aunque sólo le dediques parte de tu tiempo.
Entonces, ¿cómo se puede crear independencia financiera y riqueza personal con ese 10 % de tus ingresos reservados a tal efecto?
Hay muchas maneras. Deja vagar libremente a tu imaginación Ten presente esas facultades y habilidades que desarrollas en tu trabajo o en tus aficiones; es posible que puedas organizarte y hacer de ellas una empresa rentable.
Además de esto, siempre puedes aprender a comprar un producto al por mayor y venderlo al por menor. También puedes adquirir un terreno y explotarlo hasta mejorar su valor. Y si tienes la suerte de trabajar en una empresa que prima la productividad, puedes esforzarte y obtener más ingresos para invertirlos en un negocio, o en comprar acciones.
Emplea ese 10% en comprar maquinaria, productos o acciones, e inicia tu negocio. Es posible que dentro tuyo permanezca dormido el genio financiero y para despertar sólo necesites la chispa de una oportunidad.
Ahora, concéntrate en la siguiente pregunta: ¿Por qué después de trabajar ocho horas, no dedicas un poco de tiempo a labrar tu fortuna? ¿Sabes la satisfacción que sentirás cuando puedas decir con toda sinceridad: «Trabajo para llegar a ser rico, no sólo para pagar las facturas»?
Cuando elabores un plan para hacerte financieramente independiente y también rico, te sentirás tan motivado que por las noches no querrás irte a la cama.
Ahorro
El último 10% se debe destinarlo al ahorro. Considera que es la parte más estimulante de tu plan para hacerte financieramente independiente y también rico, al proporcionarte la tranquilidad espiritual de saber que estás bien preparado para los «inviernos» de la vida.