Si nos damos cuenta claramente que el poder creativo que reside en nosotros mismos es ilimitado, entonces no hay razón alguna para limitar el grado de complacencia que obtenemos a través de lo que construimos con ese poder.
Estamos extrayendo ese poder del infinito; nunca debemos tener miedo de tomar más de lo que nos corresponde. No es ahí donde está el peligro.
El peligro está en no darnos cuenta de nuestra propia riqueza y de creer que los productos externos que hemos logrado con nuestro poder creativo son las verdaderas riquezas, en lugar de entender que la riqueza está en el mismísimo poder creativo del espíritu.”
Si evitamos este error, no hay necesidad de poner limites a lo que podemos tomar de este almacén infinito: “Todas las cosas son tuyas”.
La manera de evitar que el dinero te empiece a controlar, es dándote cuenta de que la verdadera riqueza empieza cuando te identificas con el espíritu de la abundancia.
Debemos sintonizarnos con la abundancia. Debemos ser abundantes en nuestro pensar.
No “pienses en el dinero” en sí mismo, ya que se trata solamente de un medio de abundancia ; piensa desde la abundancia, es decir de una manera extensa, generosa y torrencial, y encontrarás que los medios para darle forma a ese pensamiento fluirán hacia ti de todas partes, ya sea en forma de dinero o de un centenar de otras cosas para las cuales no hace falta tener dinero.
No debemos hacernos dependientes de ninguna forma en particular de riqueza, o insistir en que venga a nosotros a través de un canal en particular, ya que eso sería imponer una limitación y eliminar las otras formas de riqueza y cerrar los otros canales.
Debemos entrar en el espíritu de la riqueza. El espíritu es Vida; en todo el universo, la vida consiste al final de cuentas en circulación, ya sea dentro del cuerpo físico del individuo o en la escala del sistema solar completo; la circulación significa un fluir continuo y el espíritu de la abundancia no es ninguna excepción a este fluir universal de la vida.
Cuando este principio se nos haya vuelto claro, veremos que nuestra atención debe ser dirigida a dar, en lugar de recibir.
Debemos vernos a nosotros mismos, no como baúles de avaros que deben permanecer bajo llave para nuestro propio beneficio, sino como centros de distribución; y cuanto mejor realicemos nuestra función como dichos centros, mayor será la afluencia que nos corresponde.